sábado, noviembre 11, 2006

hábitat

algunas veces, pensaba que, de noche, siempre a esta misma hora, la ciudad se mostraba vacía, extraña y tan familiar a la vez. el único ruido era el de sus pisadas. dejó de llover, él regresaba a su casa.
según llegaba de la calle se metió vestido en la ducha, abrió el grifo de agua caliente y se quedó de pie bajo la alcachofa de la ducha.
decía que nunca llovía lo suficiente, decía siempre que tenía que llover más para poder limpiar a todos y cada uno de los cadáveres que se amontonaban en la ciudad.
también era frecuente verle tumbado sobre el césped del parque tomando el sol. solía decir que los rayos de sol del otoño podían resucitar a los muertos.

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a veces desearía poder matar a esos estúpidos bichos con mis propias manos.